ahí iba a cambiar quién podía quedarse y quién tendría que irse.
Mi madre tomó la primera página con manos temblorosas.
Leyó en silencio.
Después miró a David.
—¿Qué significa esto?
David no levantó la voz.
Para decirle algo que llevaba semanas necesitando decir.
—Mamá, no quiero perderte.
Hubo silencio al otro lado.
—Entonces déjanos volver.
Cerré los ojos.
—No.
Ella comenzó a llorar.
—Entonces ya no somos una familia.
—Sí somos una familia. Pero una familia también tiene que respetar los límites.
No hablamos durante varios minutos.
Finalmente dije:
—