mismos que hicieron desaparecer a tu marido.
Y antes de que pudiera hacer otra pregunta, escuchamos cómo alguien comenzaba a abrir la puerta principal.
Andrés me agarró de la mano.
—Corre.
Y corrimos hacia la oscuridad.
Sin saber que, detrás de aquella puerta, alguien ya había pronunciado mi nombre.
Parte 3 — La verdad que nunca debí conocer
Corrimos por un estrecho pasadizo que parecía no terminar nunca.
Yo apenas podía respirar.
No sabía adónde íbamos.
No sabía quién nos perseguía.
Y, sobre todo, no sabía si podía confiar en Andrés.