hombre que trabajaba para ellos.
—¿Quiénes son “ellos”?
—Las personas que durante años controlaron todo lo que ocurría detrás de los proyectos donde trabajábamos.
Entonces comprendí.
Las empresas.
Los contratos.
Las amenazas.
La muerte falsa.
Todo estaba conectado.
—¿Y mi hermano?
—Descubrió la misma red que yo.
—¿Qué le hicieron?
Mi esposo tardó en responder.
—Lo obligaron a desaparecer.
Sentí lágrimas en los ojos.
—¿Está vivo?
Mi esposo negó lentamente con la cabeza.
—No.
Aquella respuesta dolió más que cualquier otra.
Mi hermano llevaba doce años muerto.
Pero la persona