que había estado utilizando su nombre había mantenido su secreto durante todo ese tiempo.
—¿Por qué nunca me dijiste nada?
—Porque eras lo único que podía utilizarse para llegar hasta mí.
—¡Pero yo tenía derecho a saberlo!
—Lo sé.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Y cada día que estuve lejos de ti me arrepentí.
Me quedé en silencio.
Quería golpearlo.
Quería abrazarlo.
Quería odiarlo.
Pero después de cinco meses llorando frente a una fotografía suya, lo único que podía hacer era mirarlo.
—¿Por qué regresaste?
—Porque ellos cometieron un