hombre que había asistido a su funeral.
El mismo que me había abrazado y dicho:
“Él siempre estará contigo.”
En el video hablaba con otra persona.
Y entonces dijo algo que me heló la sangre.
—Cuando él desaparezca, ella será nuestro último problema.
Mi esposo cerró la computadora.
—Ya tenemos suficiente.
—¿Qué vas a hacer?
—Entregarlo.
—¿A quién?
—A las autoridades.
—¿Y si nos encuentran?
Me miró.
—Entonces estaremos juntos.
Por primera vez desde que lo había encontrado, sonreí.
No porque todo estuviera bien.
Sino porque ya no estaba sola.