pública.
El collar de diamante azul seguía brillando bajo las luces del escenario, frío, perfecto, indiferente al desastre humano que había provocado. El subastador, un hombre de voz entrenada para sonar siempre seguro, se secó la frente con un pañuelo blanco.
—Cuarenta y nueve millones doscientos cuarenta mil dólares ofrecidos por el palco tres —anunció, y hasta él pareció dudar al pronunciar la cifra—. Palco ocho, según la cobertura de puja registrada, la siguiente oferta sería de cincuenta y cuatro millones cuatrocientos cuarenta mil.
Otra vez los cuatros.
Otra vez