Iba a transferirle ocho millones a mi esposo para cerrar un contrato… hasta que lo vi comprándole un collar a su amante

en mi palco.

—Necesito hablar contigo a solas.

—Qué curioso. Yo también he necesitado muchas cosas a solas durante este matrimonio. Respeto, por ejemplo.

Su mandíbula se tensó.

—No hagas esto aquí.

Sonreí.

—¿Dónde preferías? ¿En Singapur? ¿En el hotel donde supuestamente estabas cansado y extrañándome?

El asistente bajó la cabeza.

Claire miraba el catálogo como si de pronto el papel fuera fascinante.

Adrian entró y cerró la puerta detrás de él.

—Esto no es lo que parece.

Me reí.

No fuerte.

Solo una risa breve, limpia, que lo hizo