Iba a transferirle ocho millones a mi esposo para cerrar un contrato… hasta que lo vi comprándole un collar a su amante

vez sí hubo aplausos nerviosos. No porque admiraran a Adrian, sino porque la gente aplaude en los precipicios cuando todavía no sabe quién cayó.

Mia debía creer que había ganado.

Pobre criatura.

Yo levanté mi paleta.

Claire casi me agarró la muñeca, pero se detuvo.

—Ochenta y cuatro millones cuatrocientos cuarenta mil.

Un sonido colectivo recorrió el salón.

Como si doscientas personas hubieran inhalado al mismo tiempo.

El subastador me miró.

—Ochenta y cuatro millones cuatrocientos cuarenta mil ofrecidos por el palco tres.

La siguiente cifra para Adrian sería 89.