no retiro o no pago, me destruyes públicamente.
—No. Solo dejo de salvarte en público.
—¡Es lo mismo!
Ahí estaba.
La verdad desnuda.
Para Adrian, mi amor siempre había sido una red de seguridad. Una red invisible que él podía usar para caer, levantarse, sonreír y seguir recibiendo aplausos.
El subastador contó:
—Tres… dos…
Adrian salió del palco de golpe.
Lo vi atravesar
el pasillo hacia el suyo.
Entró justo a tiempo.
El asistente levantó la paleta.
—Setenta y nueve millones seiscientos cuarenta mil.
La sala se volvió loca.
Esta