Iba a transferirle ocho millones a mi esposo para cerrar un contrato… hasta que lo vi comprándole un collar a su amante

debía estar en Singapur para una negociación urgente.

El mismo que la noche anterior me había llamado con voz culpable:

—Perdóname, Victoria. Odio no poder estar contigo en nuestro aniversario. Te lo compensaré cuando vuelva.

Y allí estaba.

Sentado a unos metros de mí, con la camisa impecable, la mirada tierna y una estudiante universitaria en sus brazos.

No cualquier estudiante.

Mia Chen.

La chica a la que yo financiaba.

Yo había pagado su matrícula, su apartamento, sus cursos de idiomas, su ropa, sus gastos médicos. La había elegido personalmentev