Iba a transferirle ocho millones a mi esposo para cerrar un contrato… hasta que lo vi comprándole un collar a su amante

Algunas fingieron revisar sus teléfonos.

Otras contuvieron la respiración.

Y a mí, de pronto, me dio curiosidad.

¿Desde cuándo en Nueva York había aparecido un hombre tan poderoso que yo

no conociera?

Me levanté y caminé hasta el cristal lateral de mi palco.

Desde allí podía ver parte del reservado número ocho.

Primero vi una copa de champán.

Luego una mano masculina acomodando un mechón de cabello detrás de la oreja de una chica joven.

Después vi su rostro.

Mi esposo.

Adrian Lancaster.

El mismo hombre que, según sus mensajes,