se cayó al mover una mesa. Una amiga buscó una pastelería abierta y alguien hizo el pedido desde su teléfono. —¿Pusieron mi dirección? pregunté por mensaje. Fernanda respondió casi enseguida: “No. Lo mandamos al bar.” Parecía otra pista muerta.
Pero una hora después me llamó. Había recordado algo. Cuando pedimos taxis para regresar, varios compartimos destinos para
calcular quién podía irse con quién. Una chica llamada Lorena había creado un grupo temporal y pidió que cada personaescribiera su colonia o dirección aproximada. Yo había escrito la mía completa sin pensarlo