Don Julián dejó de sonreír.
—Ese coche.
—¿Cuál?
—El que te dije anoche.
Recordó que era gris y que habíapermanecido unos minutos estacionado al final de la calle antes de marcharse.
Yo seguía pensando que estábamos armando una película con tres cigarros.
Entonces apareció la señora Yolanda, la vecina de enfrente.
—¿Están hablando del carro que estuvo aquí anoche?
Todos volteamos.
—¿Usted lo vio?
—Claro. Hasta pensé que era amigo tuyo.
Me señaló.
—¿Por qué?
—Porque el muchacho preguntó por ti.
Sentí un pequeño vacío en el estómago.
—¿Qué muchacho?
—