VOLVÍ A MI CASA A LAS TRES DE LA MAÑANA Y ENCONTRÉ

su esposa, Verónica, salió.
—Qué bueno que ya arreglaste eso.
—Después del susto, no vuelvo a dejarlo pasar.
Nos reímos.
Don Julián estaba lavando su camioneta.
De repente dejó la manguera.
—Oye.
Se acercó a mi puerta.
—¿Eso estaba ahí anoche?
Señaló el piso.
Había una colilla de cigarro aplastada junto a una maceta.
—No sé.
—Yo no fumo.
El cerrajero tampoco le dio importancia.
—Pudo dejarla cualquiera.
Seguramente tenía razón.
Hasta que Verónica encontró otra.
Estaba junto al árbol desde donde se veía directamente mi entrada.

luego una tercera.