VOLVÍ A MI CASA A LAS TRES DE LA MAÑANA Y ENCONTRÉ

marcharse.
Yo seguía pensando que estábamos armando una película con tres cigarros.
Entonces apareció la señora Yolanda, la vecina de enfrente.
—¿Están hablando del carro que estuvo aquí anoche?
Todos volteamos.
—¿Usted lo vio?
—Claro. Hasta pensé que era amigo tuyo.
Me señaló.
—¿Por qué?
—Porque el muchacho preguntó por ti.
Sentí un pequeño vacío en el estómago.
—¿Qué muchacho?
—Uno joven. Llegó antes de la una. Me preguntó si todavía vivías aquí.
Don Julián frunció el ceño.
—¿Y qué le dijo?
—Nada. Me metí porque no lo conocía.
Intenté