pensar en alguien.
Un compañero.
Un amigo.
Algún ex.
Nadie encajaba.
—¿Cómo era?
Yolanda trató de describirlo, pero no me sonaba de nada.
Entonces añadió:
—Lo raro
es que cuando vio llegar a Julián con su familia, se fue.
Don Julián y yo nos miramos.
La puerta probablemente llevabaabierta bastante tiempo.
Aquel hombre había tenido oportunidad de entrar.
No lo hizo.
Y después, cuando apareció mi vecino y se sentó a vigilar, tampoco se acercó.
—Tal vez solo buscaba otra casa —dije.
Yolanda negó.
—No, muchacha. Preguntó por ti con