El papel doblado cayó lentamente de la mochila rota de aquella adolescente.
Por un instante nadie dijo nada.
Yo miré el escudo de la escuela privada de Sophie impreso en la parte superior y luego leí el nombre escrito debajo.
Amelia Carter.
Sentí que algo dentro de mí se detenía.
No porque conociera a esa chica.
Sino porque conocía ese nombre.
—¿Amelia? —pregunté en voz baja.
La adolescente dejó de mirar la calle y me observó con una mezcla de miedo y sorpresa.
—¿Usted sabe quién soy?
Sophie me miró