PARTE 2: LA NIÑA QUE GUARDABA EL SECRETO DE MI HIJA

hija.

—¿Por qué tienes esto? —pregunté señalando el papel.

Amelia bajó la mirada.

—Porque era lo único que demostraba que pertenecía allí.

Su respuesta me sorprendió.

—¿Pertenecías?

Ella apretó los labios.

—Ya no.

Sophie frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido. Eres más inteligente que muchos de mis compañeros.

Amelia sonrió ligeramente.

—Gracias.

Era una sonrisa pequeña.

Pero reconocí algo en ella.

La misma tristeza que había visto en los ojos de mi hija después de perder a su madre.

Ese dolor silencioso de alguien que aprendió demasiado pronto a