Amelia otra vez.
Esta vez no había cuaderno.
Solo estaban hablando.
Me quedé observando desde lejos.
—¿Por qué me ayudaste? —preguntó Sophie.
Amelia sonrió.
—Porque tú me ayudaste primero.
Sophie parecía confundida.
—¿Cuándo?
Amelia miró hacia el suelo.
—Hace meses.
Entonces mi corazón se detuvo.
—¿Qué?
Amelia respiró profundamente.
—El día que tu mamá murió.
Me acerqué lentamente.
Sophie levantó la cabeza.
—¿Qué sabes de mi mamá?
Amelia tragó saliva.
—Yo estaba cerca del hospital.
El mundo pareció volverse más lento.
—¿Qué quieres decir?
Ella miró sus manos.
—Tu mamá