el corazón en un puño.
Veo a Javier y a Bruno caminar por el pasillo. La gente se aparta, pero ya no por miedo. Se apartan para dejarlos pasar, como se hace paso a la realeza.
Porque todos saben que por donde pisan esas botas y esas cuatro patas, el dolor pesa un poco menos.
Mi hijo estuvo poco tiempo en este mundo.
Pero no se fue.
Se quedó en la respiración de Lucía.
Se quedó en la paz de los padres que Javier abraza.
Se quedó en el hocico
El perro que me devolvió a mi hijo (aunque ya no estuviera)