niña
y la aventó al piso.
Mateo, escondido, seguía grabando.
Marisol se agachó para levantar las cosas.
Entonces Ricardo la sujetó del brazo.
Fuerte.
Tan fuerte que en la pantalla se veía cómo ella se encogía de dolor.
—Me estás lastimando —dijo Marisol.
—Más te va a doler cuando no los vuelvas a ver.
Sofía lloró.
Mateo respiró fuerte detrás de la puerta.
Marisol intentó soltarse.
Ricardo la empujó contra la barra.
El sonido del golpe fue seco.
Nadie en el juzgado se movió.
Hasta la abogada de Ricardo perdió