su hermano, dejó el refresco sobre la mesa.
—¿De qué están hablando?
Rodrigo apretó los dientes.
—No es momento para esto. Mariana, cocina algo. Ahora.
—No.
—¿Cómo que no?
—No. Tú dijiste que cada quien lo suyo. Yo compré mi comida. Yo cociné mi comida. Yo la guardé en mis recipientes con mi nombre. Si tú querías mole para tu cumpleaños, debiste comprarlo tú.
Doña Elvira se sentó en una silla.
—Mariana, hija, es el cumpleaños de mi hijo…
—Sí, suegra. Y yo le deseo feliz cumpleaños. Pero no voy