encontrarlos.
Entré al pequeño estudio donde guardábamos nuestros papeles. Revisé el cajón de los recibos y encontré una carpeta que no recordaba haber visto.
Dentro había una cotización de un lote de seminuevos, una copia de la identificación de Daniela y un documento de autorización con una firma que supuestamente pertenecía a mi hija.
Reconocí inmediatamente que aquella firma no era suya.
En la carpeta también había una cita programada para dos días después.
Patricia pretendía entregar el automóvil antes de que Daniela saliera del hospital.
Encendí mi computadora y