volvió a quedarse inmóvil.
Quise atravesar la pantalla y levantarla.
Me dolía mirar aquellas imágenes porque sabía que, mientras mi hija necesitaba ayuda, yo conducía por la autopista convencido de que regresaba a un hogar donde todo estaba bien.
Patricia volvió a aparecer unos minutos después.
Miró a Daniela desde la puerta de la cocina.
No se acercó.
Regresó al interior de la casa.
La cámara siguió grabando hasta que llegué con mi maleta.
Habían pasado casi veinte minutos desde la caída.
Veinte minutos durante los cuales nuestra hija había