enteraras —sollozó.
—¿Y decidiste vender el coche de Daniela?
—Nos ofrecían 125,000 pesos. Con eso podía ponerme al corriente y conseguir tiempo.
La miré con incredulidad.
—Ese coche es suyo, Patricia. Lo utiliza para estudiar y trabajar.
—¡Pero somos una familia! ¡Se supone que debemos ayudarnos!
Aquella frase terminó de romper algo dentro de mí.
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—Una familia se ayuda hablando con la verdad. No robándole a uno de sus integrantes.
Patricia empezó a defenderse diciendo que Daniela era demasiado joven para comprender los problemas