Volví de un viaje de trabajo y encontré a mi hija sin conocimiento frente a la puerta. Mi esposa se limitó a encogerse de hombros: “Estaba respirando, pensé que no era grave

las primeras semanas, Daniela tuvo dolores de cabeza y dificultades para dormir.

A veces se despertaba sobresaltada.

Otras veces se quedaba mirando la puerta, como si temiera volver a encontrarse con su madre.

Buscamos apoyo psicológico y respetamos su ritmo de recuperación.

Yo también tuve que cambiar.

Solicité una modificación de mis horarios laborales para reducir los viajes. Comenzamos a cenar juntos siempre que era posible, sin teléfonos sobre la mesa.

Hablábamos de la universidad, de sus amigas y de los problemas que antes consideraba demasiado pequeños para preguntarle.

Descubrí