que detenerse unos segundos para recordar algo que durante diez años creyó imposible:
Su hijo estaba en casa.
La tristeza no desapareció.
Se convirtió en una cicatriz.
Pero Alejandro comprendió que algunas cicatrices no significan que una historia terminó.
Significan que alguien sobrevivió.
Y que, a veces, una verdad pequeña guardada durante años por la persona más inesperada puede ser suficiente para devolverle una familia entera a la vida.