capacidad para levantarme, pensar con claridad y dejar de proteger a quienes habían decidido destruirme.
Aquella noche llegué a mi casa empapada, herida y aparentemente sola.
Ellos levantaban copas porque creían que yo estaba muerta.
Y técnicamente tenían razón sobre una sola cosa.
Una versión de mí murió esa noche.
Solo que no fue la mujer que ellos habían intentado matar.
Fue la esposa que todavía creía que debía seguir perdonándolos.
Y esa mujer nunca volvió.