Camila y, cuando Ofelia lo acusó de preferir a su esposa, él respondió:
—Hagan lo que quieran, pero no me metan.
No era ignorancia. Era elección.
Llamé a la abogada Teresa Salgado, amiga de mi padre. Copió los videos, preparó la demanda de divorcio y organizó una reunión con testigos.
Después invité a toda la familia a cenar en el departamento. Ofelia creyó que por fin iba a ceder.
Al verme entrar con una carpeta, sonrió.
—Sabía que terminarías entendiendo.
Yo dejé el teléfono sobre la mesa y abrí la