entregar una herencia y hablar repetidamente de accidentes.
Rubén se dejó caer en la silla.
—Yo permití todo esto por quedarme callado.
Por primera vez, no miró a su esposa para pedir permiso.
—Ofelia, consentiste tanto a Iván que lo convertiste en un hombre incapaz de sostenerse. Y yo fui cobarde por no detenerte.
Ella se volvió hacia mí.
—¿Qué quieres? ¿Dinero? ¿Que nos arrodillemos?
—Quiero que se mantengan lejos de mi hija y de mis bienes. La casa de Coyoacán es herencia exclusiva de mi padre. El departamento se