nadie veía a Iván como el muchacho emprendedor que había tenido mala suerte. Lo veían como un adulto mantenido que estuvo dispuesto a destruir a su cuñada para conservar una apariencia.
Meses después comenzó a trabajar en una bodega de materiales. Por primera vez conoció el cansancio de ganar su propio dinero. No se volvió buena persona de un día para otro, pero dejó de vestir como millonario mientras otros pagaban sus cuentas.
Sergio llamó muchas veces. Al principio pedía que retirara la demanda. Después dejó de hablar del departamento