y comenzó a preguntar por Camila.
Durante el proceso, la maestra de mi hija declaró que la niña había presentado miedo después de la escena del balcón. Mi abogada entregó las grabaciones y los documentos que demostraban que yo podía ofrecerle un hogar estable. Meses más tarde, el juez determinó que Camila viviría conmigo y estableció visitas para Sergio.
Al salir del juzgado, él se arrodilló frente a nuestra hija.
—¿Puedo abrazarte?
Camila me miró primero. Cuando asentí, dejó que su padre la abrazara, pero sus brazos permanecieron pegados al