—Tu silencio solo trasladaba la violencia hacia quien tenía menos poder.
Bajó la mirada.
—Ahora lo entiendo.
—Entonces procura que tu hija nunca tenga que rogarle a un hombre que la defienda.
Nuestra relación no volvió. Algunas cosas pueden perdonarse sin reconstruirse.
Ofelia jamás me pidió disculpas directamente. Rubén sí lo hizo. Reconoció que su silencio había ayudado a convertir el capricho de su esposa en una forma de gobierno familiar. Yo acepté sus palabras, pero mantuve la distancia.
Una noche, Camila y yo cenábamos sopa de tortilla en la