hermano. Así todos quedamos en paz.
Entonces comprendí que ya habían repartido mi casa antes de hablar conmigo.
Me levanté.
—No voy a firmar nada.
Ofelia caminó hacia el balcón, abrió la puerta bajo la lluvia y subió un pie al borde.
—¡Entonces me mato! ¡Que todos sepan qué clase de nuera eres!
Corrí para bajarla. En cuanto toqué su brazo, ella se dejó caer al piso y comenzó a gritar.
—¡Auxilio! ¡Mariana quiso aventarme!
Los vecinos salieron. Iván apareció casi de inmediato y me llamó asesina. Camila llegó llorando