Su familia exige que tenga vivienda propia. Por eso este departamento se pondrá a su nombre.
Creí que era una broma. La propiedad valía más de seis millones de pesos y todavía la estábamos pagando.
—Aquí vive Camila —respondí—. No es un regalo de bodas.
Ofelia sonrió con desprecio.
—Camila es niña. Algún día se irá con su marido. Iván es quien llevará el apellido.
Miré a Sergio.
—Diles que no.
Él bajó los ojos.
—Podríamos vender y comprar dos lugares más pequeños. Uno para nosotros y otro para mi