prestamistas y que había prometido a la familia de Fernanda una escritura antes de la boda.
Luego llegó lo peor.
—Si Mariana llegara a tener un accidente, Sergio administraría lo de Camila —susurró Iván—. Puede ser comida, una escalera, cualquier cosa que parezca mala suerte.
Ofelia guardó silencio y después contestó:
—Primero hay que asustarla.
A la mañana siguiente me ofreció un jugo con un olor extraño y vigiló cada movimiento de mi mano. No lo bebí. Tampoco permití que Camila probara el desayuno que había preparado solo para nosotras.