que también estaba presenciando el colapso final de una familia construida sobre el miedo, el silencio y una mujer que creía que su
odio podía hacerse pasar por la voluntad de Dios.
Y si hay algo que merece ser compartido, discutido, cuestionado y gritado hasta incomodar a todos, es esto:
Nunca llames “carácter” a la crueldad reiterada.
Nunca llames “ayuda” a manos que insisten demasiado en tocar lo que alimenta a tus hijos.
Nunca llames “familia” a una estructura que prefiere proteger la reputación de una