Parte 2:
Con la urna de mi madre todavía entre los brazos, conduje hasta la casa sin recordar cómo había recorrido cada kilómetro. La camioneta de mudanzas ya estaba estacionada frente al portón y varios hombres comenzaban a sacar muebles mientras una mujer revisaba un inventario. Reconocí a Lorena dando instrucciones como si hubiera vivido allí toda la vida. Apenas me vio, sonrió con una tranquilidad que me revolvió el estómago y dijo que ya no tenía autorización para entrar porque la propiedad pertenecía legalmente a otros dueños. Le respondí