ni las propiedades; conversaban sobre recetas, la escuela de Sofía o el próximo torneo de Diego. Recuperar la normalidad también consistía en eso.
Mauricio rentó un pequeño departamento cerca de la escuela. Verónica no le preguntó por qué. Supuso que quería estar disponible, pero decidió juzgarlo por sus actos, no por sus intenciones.
En diciembre, el registro del departamento quedó terminado. Diego y Sofía eran propietarios de la mitad. Cuando Verónica se lo explicó a su hijo, él se encogió de hombros.
—¿Entonces Sofía va a querer pintar todo de