El Niño Que Leyó Solo Hasta Que Su Manada Abrió Las Puertas

que sí. Te has metido en una familia muy pesada.

El subjefe, el mismo hombre que había llevado a Bruno al asiento reservado, se acercó con una caja pequeña.

—Esto no es un premio —dijo—. Es una responsabilidad.

Mateo abrió la caja.

Dentro había un pañuelo naranja pequeño, del mismo color que las chaquetas del equipo. En una esquina llevaba bordadas unas palabras sencillas:

“Manada de apoyo.”

Mateo pasó los dedos por las letras.

—Pero yo no rescato a nadie —dijo.

El subjefe miró a Bruno, que dormía con media