le dolían profundamente. Algunas personas hablaban mal de sus hijos, otras se burlaban de sus sueños y había quienes parecían alegrarse cuando las cosas no les salían bien.
Hubo noches en las que se preguntó por qué tenía que soportar tanta tristeza. Sin embargo, comprendió que no podía controlar lo que los demás decían, pero sí podía elegir educar a sus hijos con amor, enseñarles a ser fuertes y recordarles que su valor no dependía de la opinión de nadie.
Una noche, mientras sus hijos dormían, se arrodilló junto a