toda la vida. No lo hice para alejarte de la verdad, sino para mantenerte con vida.”*
Junto a la carta había una prueba de ADN.
Mi padre explicaba que él no era mi padre biológico.
Mi verdadero padre había sido asesinado treinta y siete años atrás por la misma organización que durante décadas intentó apropiarse del patrimonio familiar. Después de aquel crimen, él aceptó criarme como su hija para protegerme y ocultar mi identidad. Solo cuatro personas conocían ese secreto.
Dos ya habían muerto.
La tercera era el notario.
Y
¡MI ESPOSO ME BESÓ ANTES DE SALIR DE CASA COMO CADA MAÑANA