hacia el patio, hacia la puerta por donde había entrado con las 2 maletas, y me dijo sólo una vez, eso es todo:
—Te envié todo, niña de mamá. Sólo que esos años ya no te los puedo enviar.
No dije nada. Le estreché la mano.
Tengo 36 años y sólo ahora conozco sus manos.
¿Cuántos de ustedes crecieron con una silla vacía en la mesa? ¿O eras tú el padre que estaba al otro lado del teléfono y los minutos se contaban en una tarjeta?
Esta obra está inspirada