paño de cocina.
Pero al día siguiente cogió de la cesta un paquete de galletas.
Y dejó a cambio dos bufandas de lana hechas por ella.
“Para quien tenga frío”, escribió en un papelito.
Así era Carmen.
No sabía recibir sin entregar un pedazo de su alma.
Bruno también mejoró.
No rejuveneció, porque los milagros de verdad no funcionan así.
Seguía siendo un perro mayor.
Seguía levantándose despacio.
Seguía teniendo días buenos y días regulares.
Pero ya no caminaba encogido.
Ya no parecía un animal esperando el final.
Cuando veía