lo dejas sin cenar?
Claire iba a contestar, pero Grace se adelantó. —No. Cuando tú estás de viaje… —¡Grace! —la interrumpió Claire con un grito.
Los niños se quedaron en silencio. Daniel no discutió. Fue a la cocina, preparó un plato y se lo entregó a Elliot.
—Puedes comer. El pequeño miró la comida sin tocarla. —¿De verdad? Daniel sintióv
que se le partía el corazón. —Por supuesto. Nunca tendrás que pedir permiso para comer en tu propia casa.
Elliot empezó a comer rápidamente. —Despacio —le dijo Daniel—. Nadie te