sé.
—Pero no estoy seguro de que el bebé sea mío.
Lo miré.
—¿Qué?
—Ella dice que sí.
—¿Y tú?
—No lo sé.
Aquello cambió completamente la situación.
—Entonces, ¿porv
qué estabas pagando todo?
Adrian bajó la voz.
—Porque me dijo que si no la ayudaba, perdería el trabajo y tendría que regresar con su familia.
—Eso no explica los muebles.
—Ella me hizo creer que yo podía ser el padre.
—¿Y durante dos años?
Adrian levantó la mirada.
—Nos conocíamos desde antes.
Sentí que todo encajaba de una forma