trabajo. Nunca me pagaste una clínica privada.
—No compares las cosas.
—Tienes razón.
Mi voz se volvió completamente fría.
—Porque yo no estoy embarazada de ti.
Otra pausa.
—Elena, por favor.
—No.
Colgué.
Pero una hora después llegó un mensaje.
Tenemos que hablar en persona.
No respondí.
Entonces llegó otro.
Hay algo que nunca te conté.
Esa frase consiguió lo que las demás no habían logrado.
Acepté encontrarme con él.
Nos vimos en una cafetería cerca del hospital.
Adrian llegó solo.
Parecía agotado.
—Sofía está embarazada —dijo.
No reaccioné.
—Lo