Después de cinco años bañando a mi esposo paralítico, lo escuché reírse y decir que yo era “una enfermera gratis”. Ese día no grité… ese día empecé a quitarle todo sin que se diera cuenta.

cobra una enfermera de planta?

El hombre respondió:

—Un dineral.

 

—Pues yo la tengo por comida y techo.

Ahí murió algo en mí.

No lloré.

No entré a gritar.

No le aventé las conchas en la cara.

Solo di media vuelta y salí del hospital con las piernas temblando.

En el estacionamiento me senté dentro del coche.

Apreté el volante hasta que me dolieron los dedos.

 

Y dije bajito:

—Se acabó.

Esa noche no fui por él. Trastornosdel sueño

Mandé la ambulancia.

A ese hombre que me había