Después de cinco años bañando a mi esposo paralítico, lo escuché reírse y decir que yo era “una enfermera gratis”. Ese día no grité… ese día empecé a quitarle todo sin que se diera cuenta.

Es mi sangre. Brenda solo está cuidando la casa hasta que yo me muera.

Mi pecho se partió.

Tomás.

Su hijo de otro matrimonio.

El mismo que entraba a mi casa sin saludar.

El mismo que dejaba platos sucios y me decía “señora” como si yo fuera empleada.

 

El mismo por quien Esteban me pedía paciencia.

—Le afectó verme así, Brenda.

Mentira.

A los dos les convenía verme agachada.

Esteban volvió a hablar:

—Además, mientras ella me limpia el trasero, yo no gasto ni un peso. ¿Tú sabes cuánto