Es mi sangre. Brenda solo está cuidando la casa hasta que yo me muera.
Mi pecho se partió.
Tomás.
Su hijo de otro matrimonio.
El mismo que entraba a mi casa sin saludar.
El mismo que dejaba platos sucios y me decía “señora” como si yo fuera empleada.
El mismo por quien Esteban me pedía paciencia.
—Le afectó verme así, Brenda.
Mentira.
A los dos les convenía verme agachada.
Esteban volvió a hablar:
—Además, mientras ella me limpia el trasero, yo no gasto ni un peso. ¿Tú sabes cuánto