Después de cinco años bañando a mi esposo paralítico, lo escuché reírse y decir que yo era “una enfermera gratis”. Ese día no grité… ese día empecé a quitarle todo sin que se diera cuenta.

cobijas viejas.

—¿Dónde encontraste eso?

—En mi casa.

—Es mi documentación privada.

—No. Es la prueba de que mientras yo peleaba con el IMSS por tus terapias, tú mandabas dinero a Tomás, escondías cuentas y planeabas sacarme de la casa que llevo cinco años manteniendo.

 

Esteban apretó las ruedas de su silla.

—No puedes hacerme esto. Soy tu esposo. Estoy enfermo.

—No estás enfermo de la lengua.

Le puse frente a él una hoja.

—Este poder notarial no lo firmé yo.

Se quedó mirando el papel.

No parpadeó.

Ahí